La mayoría de los europeos del norte están acostumbrados a inviernos fríos y veranos relativamente suaves, y tal vez a unas vacaciones anuales en la playa en países como Grecia, España o Italia.
Sin embargo, a medida que los seres humanos siguen quemando petróleo, gas y carbón, emitiendo a la vez gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático, Europa se está convirtiendo en el continente que más rápido se calienta. Además, las olas de calor mortales son cada vez más intensas y frecuentes, incluso en países que antes eran frescos, como Alemania e Irlanda.
Esto implica aprender a adaptarse y comprender cuán peligrosas pueden ser las temperaturas en aumento. El calor extremo puede provocar deshidratación y golpes de calor que pueden llegar a ser mortales y agravar diversas afecciones, como problemas renales o cardiovasculares. Las personas mayores, las embarazadas, los bebés, quienes padecen enfermedades crónicas y las personas sin hogar se encuentran entre los grupos más vulnerables.
Europa atraviesa actualmente una intensa ola de calor, agravada por el cambio climático. Se están batiendo récords de temperatura, al superarse los 40 grados Celsius en lugares donde esto no suele ocurrir.
Los habitantes de los países del sur de Europa, de clima más cálido, tienen más experiencia lidiando con altas temperaturas. Así es como lo hacen:
Evite exponerse al sol del mediodía
Reduzca al mínimo la actividad física entre las 11:00 a. m. y las 5:00 p. m., las horas más sofocantes del día. En España y Grecia, los turistas procedentes de climas más fríos a veces subestiman el sol del mediodía y salen a caminar en sandalias y sin agua, aun cuando la temperatura del suelo puede alcanzar los 60 grados Celsius. En ocasiones, las consecuencias son fatales.
Los habitantes del sur de Europa rara vez se exponen al sol, caminan por la calle o salen a correr durante las horas de más calor. En su lugar, prefieren pasear por calles sombreadas, permanecer en casa con los ventiladores encendidos y las persianas bajadas o relajarse en algún lugar con aire acondicionado. Las localidades del sur de Europa suelen cobrar vida al caer la tarde, cuando las temperaturas son más frescas.
Respeta la siesta
Es habitual que los visitantes de pueblos y ciudades de España, Grecia e Italia se encuentren con que todo cierra a la hora del almuerzo. Las tiendas cierran y las calles se quedan desiertas mientras los lugareños se retiran a descansar un rato en casa: es la hora de la siesta.
Esto podría resultar más difícil de implementar en los países del norte de Europa, dado que no existe la costumbre de hacer una siesta vespertina durante la jornada laboral. Sin embargo, siempre que sea posible, un breve descanso a mitad del día puede aumentar los niveles de energía, sobre todo teniendo en cuenta que las noches cada vez más calurosas dificultan el sueño.
A medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes, es probable que los empleadores deban replantearse los horarios de trabajo, especialmente para quienes realizan labores al aire libre.
Comidas ligeras y frescas y moderación con el alcohol
En España y Francia no es raro tomar una cerveza pequeña o una copa de vino con las comidas. Por muy tentador que resulte, la moderación es clave a la hora de consumir alcohol en días calurosos.
El alcohol provoca deshidratación, por lo que excederse en su consumo resulta especialmente peligroso cuando hace calor. De hecho, las autoridades de Francia prohibieron recientemente el consumo de alcohol en festivales y eventos públicos debido a las temperaturas sofocantes.
El tipo de comida que se consume en el almuerzo también es importante en los días calurosos. En España y Grecia, una sopa fría como el gazpacho o una ensalada con alimentos hidratantes ricos en agua como pepinos, tomates y sandía son platos habituales.
Agua, agua por todas partes
Cuanto más calor hace, más suda el cuerpo. Por esto, beber agua y aguas frescas (bebidas ligeras sin alcohol hechas con frutas, flores o semillas mezcladas con azúcar y agua) es una buena manera de mantenerse hidratado durante todo el día.
Las ciudades italianas están repletas de fuentes públicas que ofrecen agua fría gratuita a cualquiera que la necesite. Los icónicos "nasoni" de Roma ("narices grandes" en italiano) han fluido continuamente desde finales del siglo XIX. Los lugareños beben de ellos bloqueando el fondo y obligando al agua de manantial a formar un arco hacia arriba. Usan estas fuentes para refrescarse las muñecas y las manos, lo que ayuda a reducir la temperatura corporal central.
Los franceses prefieren un enfoque diferente: rociarse el rostro, los brazos y las piernas con pequeños pulverizadores, que las farmacias venden en grandes cantidades durante la época de calor.
Ropa fresca y noches tropicales
Llevar menos ropa podría parecer una forma lógica de mantenerse fresco, pero no siempre es así. Los habitantes del sur de Europa suelen optar por prendas holgadas y de colores claros, confeccionadas con tejidos naturales como el lino y el algodón. Este tipo de ropa protege la piel expuesta, absorbe menos calor y es más transpirable que las fibras sintéticas.
¿Y qué hay de la ropa de cama? Las sábanas de algodón son más frescas que las sintéticas. Entre los trucos locales figuran dormir con una sábana fresca y húmeda frente a un ventilador o una ventana abierta, y aprovechar la ventilación cruzada por la noche, cuando refresca. Durante el día, mantener las cortinas y las persianas cerradas o usar algún tipo de protector reflectante en las ventanas puede ayudar a evitar la entrada de calor.
Pero mientras los seres humanos sigan quemando combustibles fósiles y emitiendo los gases de efecto invernadero que calientan el planeta, Europa sufrirá olas de calor más mortíferas, intensas y frecuentes que serán cada vez más difíciles de sobrellevar. El continente deberá adaptarse de manera rápida y profunda al transformar la forma en que los europeos viven y trabajan, así como la manera en que se construyen y abastecen de energía los hogares y las ciudades.
(rr/dzc)